"Un misterio existe sólo para resolverse. Si nadie lo resuelve, la verdad muere con los que conocen la realidad"

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lunes, 25 de abril de 2016

Leyendas urbanas de México parte 1



5 leyendas urbanas de México:




-La llorona


Tras haberse consumado la conquista, a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se refugiaban en sus casas antes del toque de queda, que aparecía cada vez que las campanas de la primera Catedral sonaban; y en las media noche de luna, despertaban aterrorizados no por los conquistadores o sus subordinados sino por escuchar en las calles unos gemidos muy prolongados y tristes, provenientes de una mujer afligida claramente por un dolor físico tremendo o una gran pena moral. 

Durante las primeras noches que escucharon esos lúgubres gemidos, los vecinos se rehusaban a investigar de dónde provenían, como resignados a que pertenezca al alma de un ser del otro mundo; pero se repitieron tantas veces que algunos valientes quisieron comprobar con sus propios ojos qué era lo que gritaba. Primero revisaban desde las puertas, ventanas o balcones y de a poco se atrevieron a salir a las calles, cuando lograron ver que en el profundo silencio de aquellas oscuras noches en las que la luz de la luna caía haciendo el ambiente aún más terrorífico, lo que causaba esos agónicos y agudos gemidos. 
Era una mujer vestida con un traje blanco y un espeso velo que ocultaba su rostro. Haciendo lentos y silenciosos pasos recorría muchas de las calles de la ciudad, tomando cada noche diferentes calles pero siempre pasando por el hoy Zócalo de la Capital, en su momento la Plaza Mayor, lugar en el que se detenía y arrodillaba para dar su último y más fuerte lamento en dirección al oriente. 

Tras ese angustioso gemido seguía su lento y pausado caminar hacia el mismo rumbo y llegando a las orillas del lago, que por esa época penetraba dentro de algunos pueblos, se desvanecía entre sus aguas como si fuese una sombra. 

Cuenta la leyenda “a avanzadas horas de la noche, la soledad y el silencio de las calles y plazas junto con el traje, el aire y el pausado caminar de esa intrigante mujer y, sobre todo, su agudo y penetrante gemido, formaban un combo que espantaba a cualquiera que la oía y veía, y ni siquiera los valerosos conquistadores eran capaces de mantenerse en presencia de aquella mujer, quedando como si fuesen de piedra, mudos, fríos y pálidos. Los más valientes se animaban a seguirla a larga distancia, cuando la claridad de la luna lo permitía, pero no lograban más que verla desaparecer al llegar al lago, como si viviera en el agua, sin poder saber quién era o a dónde iba, y de allí le dieron el nombre La Llorona.”

Un excelente artículo que habla sobre esta leyenda en profundidad es el siguiente: la leyenda de la llorona.


-Calle de don Juan Manuel


Cuenta la tradición que hace muchos años, vivió un hombre muy rico. Este hombre se llamaba Don Juan Manuel que estaba casado con Doña María una mujer bella y virtuosa. Pero la tristeza de aquel hombre estaba marcada por no haber tenido descendencia. La pena lo consumía tanto que decidió enclaustrarse en el Convento de San Francisco. 

Mandó traer de España a uno de los sobrinos a quien más confianza y afecto tenía para que administrara sus negocios. Pasados algunos días, el temor por creer que, en su ausencia, Doña María lo había engañado con algún hombre, le hizo engendrar los más terribles e infundados celos, que lo arrastraron hasta la locura. 
Esa noche, trastornado por la desesperación, invocó al diablo prometiendo entregarle su alma a cambio de información sobre el supuesto adúltero que lo había deshonrado. 
Acudió Lucifer al llamado y ordenó a don Juan Manuel que saliera del convento y que, justo a las once de la noche, matara al primer hombre que pasara cerca de su casa.

 A la noche siguiente del crimen, apareció de nuevo el demonio para informar a don Juan Manuel que el individuo asesinado el día anterior era inocente; pero que, si quería encontrar al responsable, tendría que salir todas las noches a la misma hora y asesinar al primer hombre que encontrara próximo a su domicilio, hasta el día en que la propia figura del maligno se apareciera junto al cadáver del culpable. 

De nuevo instalado en su mansión y envenenado por el odio Don Juan obedeció sin replicar, salía todas las noches a la calle, poco antes de las once. Cubierto con una capa negra, esperaba al primer individuo que pasaba enfrente y, acercándose, le preguntaba la hora. Todos le respondían siempre “las once”, les contestaba: “¡Dichoso usted, que sabe la hora de su muerte!”. Brillaba el puñal en las tinieblas, se escuchaba un grito sofocado, el golpe de un cuerpo que caía. Terminado el sangriento trabajo el asesino, mudo, impasible, daba la vuelta y tranquilamente regresaba a sus habitaciones.

Una de tantas mañanas, tocaron a la puerta del caballero; era la ronda que, día a día, recogía el nuevo cadáver y lo transportaba a casa de sus deudos. Don Juan Manuel, al examinarlo, reconoció el cuerpo de su querido sobrino. La impotencia y la desesperación parecieron volverlo a la realidad, desconcertado y arrepentido, corrió al convento de san Francisco. Entró a la celda de uno de los más sabios y fieles religiosos y, uno a uno, confesó todos sus crímenes, alegando que, al cometerlos, se encontraba bajo las órdenes de Lucifer. 
El reverendo, sin perder la calma, le mandó como penitencia, para poder absolverlo de sus culpas, que se presentara al pie de la horca durante tres noches seguidas y rezara un rosario. Durante la primera noche, cuando aún no concluía el rosario, don Juan Manuel escuchó, sin saber de quién ni de dónde provenía, una voz sepulcral que suplicando decía “¡Un Padre nuestro y un Ave María por la salvación de don Juan Manuel!”. Temeroso, el arrepentido volvió a su casa y esperó hasta el amanecer para ir al convento y contarle a su confesor lo sucedido. Éste le indicó que continuara con su penitencia, ya que era la única manera en la que conseguiría la absolución. Humilde, sumiso y obediente, 

Don Juan estuvo a las once en punto en la horca; pero aún no había comenzado a rezar, cuando vio un cortejo de fantasmas, que con cirios encendidos conducían su propio cadáver en un ataúd. Más muerto que vivo, tembloroso y desencajado se apresuró a casa de su confesor y, temiendo cercana la muerte, le pidió que le concediera la absolución; el sacerdote, satisfecho con el buen comportamiento del caballero, decidió otorgarle el perdón, con la condición de que no faltará esa última noche a cumplir su penitencia. 
De esa última ocasión no se conocen muchos detalles, únicamente que, a la mañana siguiente, se encontró, colgado de la horca, el cadáver del señor don Juan Manuel de Solórzano. La leyenda asegura que fueron los propios ángeles quienes colgaron a don Juan Manuel. Se dice que sus pecados nunca fueron perdonados.


-Aluxes


En la península de Yucatán son frecuentes diversas leyendas relacionadas con seres extraños que se aparecen por las noches en las milpas y montes, se trata de pequeños individuos llamados Aluxes, que toman actitudes según el trato que reciban, pues si una persona se interna en su territorio y pronuncia groserías u ofensas hacia ellos o el sitio, éstos le enviarán a través del viento alguna enfermedad, conocida en los pueblos mayas como “mal aire”, fiebres y delirios por lo general; pero si se les trata de manera amable e incluso se les ofrece comida, ellos en recompensa cuidarán de la milpa y hasta dotarán de buena cosecha. 

Su apariencia es como de niños, visten alpargatas y sombrero e incluso tienen un perro y viven al interior de las cuevas cercanas a las milpas o en el monte, ellos no son malos, simplemente que al ser como niños también son muy traviesos, les gusta jugar y correr por todo el lugar. Se dice que estos seres son descendientes del Enano de Uxmal, pues al igual que él fueron creados de barro, por parte de viejos sacerdotes mayas, quienes recogían barro de las cuevas vírgenes en las que nunca haya pisado mujer alguna, éste se ponía a reposar durante 9 noches y posteriormente se mezclaba con una pócima hecha de miel y flores silvestres para luego colocarlos durante otras 9 noches en un altar con sacá cuidando que el sol no llegue hasta ellos. 

Transcurrido el tiempo específico se llevaban a esparcir por el monte entre cantos y rezos para cumplir con su misión, cuidar de la cosecha. Hoy en día se dice que estos pequeños seres salen de sus cuevas al caer el sol y regresan a sus guaridas antes de que el sol salga de nuevo, sus perros también están hechos de los mismos materiales que ellos.

Otra de las historias que rodean a estos duendecillos refiere a los campesinos que conviven con ellos, si uno desea que sus cultivos sean custodiados por un alux debe colocar una casa para él, pero después de 7 años la puerta debe ser sellada o de lo contrario, éste comenzará a actuar en contra de quien le ha adoptado y de todo quien se encuentre a su paso. 

Son muchas las historias de personas que dicen haber tenido encuentros con los Aluxes, algunas de las experiencias son buenas, otras no tanto, todo depende del trato que se les dé. Si en alguna ocasión alguien recibe un "mal aire" de algún Alux debe recurrir a un H´men experto, pues de lo contrario, si el alma de quien intenta curar es débil corre el riesgo de ser afectado por el mismo mal.

Algunos autores piensan que este ser podría haber surgido de la interacción con los piratas del siglo XVI (muy a menudo británicos, originarios de un sitio donde la creencia en hadas fue bastante común, especialmente entre los de la clase socioeconómica baja, a la que los piratas generalmente pertenecían) tuvieran en el Caribe con los mayas.  Sin embargo, los mayas mencionan a los aluxes y los identifican a veces con los espíritus de sus antepasados, o de los espíritus de la tierra en sí, precediendo esto al contacto con la civilización occidental.

-Nahuales


Los nahuales son seres de la mitología prehispánica, cuyo nombre significa “Alma de animal”. 

Se dice que estos desconocidos animales en realidad son brujos que tienen la habilidad de transformarse en cualquier ser vivo como un perro, caballo, lobo, cerdo y coyote, teniendo así la ventaja de colarse entre los pueblos para entrar silenciosamente a los hogares y robar comida, objetos o cualquier clase de hierbas para preparar pociones curativas. 

Existen muchas personas que afirman que han visto en carne propia los misteriosos rituales de los nahuales, los cuales se llevan a cabo bajo la luz de la luna y con la presencia de los dioses de la noche. Sacrifican a un coyote, le cortan la piel y encienden una gran fogata para iniciar con sus rezos con un lenguaje que hasta el momento nadie ha sabido descifrar. 

Cuando la fogata esta a punto de apagarse, los nahuales cubren sus cuerpos con las cenizas que aún están encendidas y la piel se les comienza a secar produciendo cortes en todo el torso. El humo de la fogata se esparce por todo el lugar y con el, los nahuales desaparecen. 

Estos seres raros vienen al mundo real en el cuerpo de un animal con la única finalidad de hacer maldades, provocar terror entre las personas y alimentarse de otros seres vivos. Aunque existe una forma de ahuyentar a los nahuales de nuestro hogar para que no nos hagan daño, la cual consiste en dejar un machete y un sombrero en la puerta de la entrada o trayendo por las noches una prenda al revés.

El concepto se expresa en diferentes lenguas nativas, con diferentes significados y contextos. La referencia más temprana en español del término "nagual"data del año 1622. En México y referido al contexto azteca, la referencia más antigua se encuentra en la obra de Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de Nueva España, escrita entre 1540 y 1585, en donde al enumerarse los distintos oficios de los aztecas se equipara al nahual con el brujo.


- Callejón del muerto



En el año 1600 el español Tristán de Alzúcer, se estableció en la Ciudad de México para abrir una abarrotería, aquí el arzobispo fray García de Santa María Mendoza solía visitarlo con frecuencia para conversar, habiendo encontrado en común que ambos eran originarios de la misma localidad. 

La abarrotería prosperó y Tristán de Alzúcer envió a su hijo a buscar mercaderías en la ciudad de Veracruz para ampliar la variedad de mercancías ofrecidas en la tienda. En las costas del sureste, lejos de su padre, el hijo contrajo una enfermedad mortal de tal gravedad que le impidió su regreso a la Ciudad de México. 

Tristán de Alzúcer le prometió a la Virgen que caminaría hasta el santuario del cerrito, si hacía caso de sus ruegos y le devolvía a su hijo vivo. 
Unas semanas después su hijo regresó débil y convaleciente, obteniendo ya lo que quería con el paso del tiempo, Tristán olvidó su promesa hacia la Virgen, se dedicó al negocio que prosperaba próspero. 

Al recordar que no había cumplido su promesa sintió remordimientos y visitó a su amigo el arzobispo para comentarle sobre su promesa, el arzobispo le afirmó que con un rezo bastaba, lo eximió de su promesa y Don Tristán aliviado la olvidó. 

Cierto día por la mañana, el arzobispo se encontraba caminando por la Calle de La Misericordia cuando se topó con Don Tristán quien estaba algo pálido y demacrado, llevaba puesto un sudario blanco, cargando una vela encendida, le dijo con voz tenebrosa que estaba cumpliendo la promesa. Extrañado el arzobispo, fue por la noche a casa de Tristán para pedirle una explicación y encontró su cadáver que estaba siendo velado por su hijo, el cuerpo del difunto vestía las mismas ropas con las que el arzobispo lo vio por la mañana. El hijo le comentó que su padre había muerto al amanecer. 

Se dice que el arzobispo se había topado con el espíritu de su amigo, quien se manifestó para cumplir la promesa y sintió remordimientos por eximirlo de ella. Después de varios años el alma de Tristán siguió deambulando por la calle de la Misericordia que desde el incidente del arzobispo la gente lo llamó El callejón del Muerto y siglos después se le renombró calle República Dominicana.

Es una de las leyendas más populares de Toluca, que prevaleció en la transmisión oral, hasta un poco después de la primera mitad del siglo XX.

La leyenda, según muchas personas, es una historia verdadera, aunque trate de acontecimientos sobrenaturales, es creída por sus narradores y apreciada como perteneciente al mundo real del narrador y su audiencia. Como toda leyenda urbana, es creído que la realidad y la ficción se mezclaron en dicho relato,

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