El payaso de Sandown

Arte de Rob Morphy

En la primavera de 1973, dos niños tuvieron un encuentro con una entidad inexplicable parecida a un payaso que los llamó inquietantemente desde debajo de un puente y logró llevarlos a lo que algunos han especulado que era una dimensión alternativa. 

En la región sureste de Inglaterra se encuentra la Isla de Wight. Este destino turístico es famoso por su clima templado, belleza natural y un encuentro muy extraño con el conocido como el "Payaso de Sandown". Sandown es la pequeña ciudad costera donde sucede este encuentro.

El día en cuestión, una niña de 7 años deambulaba por el campo de golf de Sandown con un amigo de la misma edad. El dúo estaba explorando los rincones y colinas de esta gran extensión cuando ambos se sobresaltaron por un sonido que compararon con el lamento de una sirena de ambulancia en la distancia. La curiosidad los llevó rápidamente a localizar e identificar la fuente del sonido. Se abrieron paso a través de la hierba y se dirigieron a un pantano que estaba junto al aeropuerto de Sandown, a menudo abandonado. 

En el momento en que los niños entraron al pantano, el ruido cesó. Cuando la pareja cruzó una pasarela de madera que atravesaba un estrecho arroyo, experimentaron algo increíble. Sin previo aviso, una mano grande de tres dedos vestida con lo que parecía ser un guante azul emergió de debajo del puente e instó a los jóvenes a que se acercaran. Los niños, aparentemente más curiosos de lo que les preocupaba, no huyeron, pero miraron con asombro como una figura humanoide absolutamente increíble surgía de debajo del puente. 

Según los niños media casi dos metros, no tenía cuello porque su cabeza parecía estar encajado en sus hombros. Llevaba un sombrero amarillo puntiagudo y una túnica verde andrajosa. Su cara tenía marcas triangulares en lugar de ojos, nariz cuadrada, labios amarillos, y otras marcas redondas en sus mejillas. Los niños también notaron que la entidad tenía solo tres dedos blancos en sus pies aparentemente descalzos.

En el momento del encuentro, la criatura hizo algo extraño; comenzó a buscar a tientas un libro que había estado sosteniendo y lo dejó caer al agua. Los niños observaban mientras el payaso chapoteaba casi cómicamente en el arroyo en un intento por recuperar el libro. Después de rescatar su tomo, la entidad saltó fuera del agua y se alejó de los niños empleando un salto no muy diferente al de un astronauta que se mueve sobre la superficie lunar. En unos momentos, el ser desapareció dentro de lo que a los niños les pareció una pequeña choza metálica sin ventanas comparable a las que se usan en las obras de construcción. Los niños perplejos simplemente miraron la estructura por un momento y luego decidieron que era hora de irse. 

Cuando estaban a unos 150 pies de distancia de la estructura, la entidad resurgió; esta vez sosteniendo un dispositivo que se asemeja a un micrófono con un flex blanco unido a una pequeña caja que aparentemente servía como amplificador. Entonces regresó el sonido de ambulancia. El payaso mecanizado empezó a hablar por el micrófono. Más tarde, la pareja afirmaría que escucharon su voz con perfecta claridad, ya que les hizo una pregunta aparentemente obvia: "¿Seguís aquí?". Llegaron a la conclusión de que la voz de esta criatura parecida a un payaso tenía un tono amistoso y no amenazante. 

El ser con aspecto de payaso levantó su libro presumiblemente todavía húmedo, lo abrió y con un gran garabato infantil escribió un mensaje. El niño se mostró cauteloso, pero la niña se acercó cautelosamente a la criatura payaso e inspeccionó la escritura. El mensaje decía: "Hola soy Sam, de todos los colores". Luego, los niños se enteraron de que la criatura aparentemente llamada Sam podía hablar sin la ayuda de un micrófono. 

Fotografía de Sandown

El dúo le preguntó al ser por qué tenía toda la ropa rota. Sam respondió que era la única ropa que tenía disponible. También le preguntaron a Sam si era humano. Su respuesta fue simplemente " no ". También afirmó que había otros como él en la Tierra y además confesó que tenía miedo de la gente y miedo de que pudieran hacerle daño.

En lo que quizás sea su movimiento más desconcertante, el ser invitó a los niños a entrar en su choza de paredes metálicas y sin ventanas a través de una pequeña abertura en el costado. Tenía papel tapiz azul verdoso y estaba cubierto con un patrón de diales. Además, contaba con un calentador eléctrico y algunos muebles básicos de madera. Sam también les confió a los niños la existencia de un campamento secreto que él mantenía, que estaba ubicado en algún lugar de la Inglaterra continental. Una vez dentro de la cabaña, Sam se quitó el sombrero para revelar un par de orejas blancas redondeadas y un poco de cabello castaño. A continuación, la criatura hizo algo verdaderamente extravagante. Los niños testificaron que la criatura le colocó una baya en la oreja, luego lanzó su cabeza hacia adelante haciendo que la baya desapareciera y reapareciera en una de sus cuencas triangulares de los ojos. Después de repetir el movimiento de la cabeza, la baya llegó a su boca. 

Dibujo de la "choza" del payaso

Después de un rato se despidieron y regresaron a casa. El primer individuo con el que se encontraron y al que le contaron todo fue un jardinero que simplemente se rió de su extravagante historia asumiendo que no era más que un cuento. Al principio el padre de la niña no le prestó demasiada atención pero empezó a convencerse por el extraordinario nivel de detalle de lo que contaba. 

Poco después, el padre de la niña exploró el área donde su hija afirmó haber tenido el encuentro. No había rastro de la cabaña de metal ni de Sam. Finalmente la historia apareció en un periódico ingles sobre OVNIS.

Los niños, dicen, insistieron en que este encuentro realmente sucedió por el resto de sus vidas. Evidentemente ninguna prueba apoya esta loca historia...

1 comentario:

  1. Raro, raro... Me gusta pensar que criaturas como el bebé de brea, el troll de Somerville o el señor raro en verdad existen pero a veces la realidad puede ser decepcionante... Aunque como investigador estoy de cierta forma obligado a darle vida a esas historias ya que forman parte del folklore de nuestra civilización.

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