Creepypasta: Nueva Era


"Sociedades secretas hay muchas, de hecho, ya no son tan secretas. Muchas de ellas han sido reveladas al público mediante espionaje, infiltración y otras por investigaciones serias de historiadores reconocidos. Sin embargo quedan algunas las cuales nunca saldrán a la luz.
Los illuminati y los masones son claro ejemplo de sociedades que han sido vulneradas desde adentro. Son ejemplos de agrupaciones con siglos de antigüedad y que manejan grandes cantidades de recursos materiales y humanos ubicados en puestos específicos de gobiernos. Pero hay otras que son aún más antiguas, otras que a pesar de los años no han sido expuestas sino más que un simple rumor que se desmiente de forma inmediata.
Una de estas sociedades secretas es la "HUNG", cuyo significado es "Origen del Dragón". Cualquiera que investigue en Internet encontrará datos sobre esta sociedad la cual surgió para derrocar a un emperador e instaurar a otro, de su conveniencia. Esta información es mentira y está hecha con datos supuestamente precisos para desviar la atención sobre esta organización.
La sociedad Hung, no es propia de China, aunque ahí se formó hace más de 3 mil años. Estaba originalmente formada por japoneses, chinos y europeos escandinavos. Una extraña mescolanza de gente. Ellos poseían conocimientos más allá de los que cualquier persona de esa época e incluso de esta época poseen. Son los guardianes originales de un secreto ancestral que hasta el día de hoy perdura como secreto para al 99.99999% de la población mundial.
Yo soy historiador, quisiera decir que uno reconocido internacionalmente, pero no, ese es mi mentor, del cual prefiero omitir su nombre por respeto a su memoria. Me he enterado por mera casualidad o capricho de alguna fuerza suprema, ajena a mi conocimiento, del secreto de los Hung. Estoy convencido de que las decisiones que he tomado después de lo que he vivido están bien fundamentadas y en el futuro se me agradecerá por haberlas tomado.
Las cosas surgieron tan fortuitamente que empezaré directamente sobre cómo pude enterarme de este secreto.
Un buen día, estaba en el museo de historia natural de un país cualquiera (esa información es simplemente irrelevante ahora), viendo la sección de dinosaurios para unas notas de investigación que mi maestro me indicó tomar. Él se percató en una visita previa que en un fósil de dinosaurio (omitiré la especie) pudo ver una marca que le resultó familiar. En ese momento, mi mentor no pudo tomar fotografías ya que se encontraba de visita y en compañía de otros investigadores, por lo cual la mirada hacia aquella marca fue fugaz.
Sin embargo, me envió para recolectar imágenes de esa marca y poder saciar su infinita curiosidad. Antes de yo partir hacia aquel museo, me comentó, siendo yo su pupilo de mayor confianza, que sospechaba haber visto aquella marca en antiguos manuscritos persas, los cuales se referían a cierta deidad de la cual el tiempo ya borró toda huella. Todo aquello me parecía una pérdida de tiempo y así se lo hice saber, por la confianza que nos teníamos. Pero fui a recabar las fotos dada la insistencia de mi mentor. Nunca olvidaré aquella mañana. Los acontecimientos se sucedieron de tal manera que parecían escritos por una fuerza suprema que así lo determinaba. Llegué al museo exactamente a las 11:30 am después de tomar un vuelo retrasado una hora y 45 minutos. El tránsito de aquella ciudad estaba imposible por lo que a unas cuantas cuadras del museo me bajé del taxi y decidí caminar. En el breve trayecto presencié dos accidentes, uno relacionado con un repartidor de pizza, el cual fue embestido por un autobús. El pobre pizzero resultó gravemente herido y el chofer del autobús intentó darse a la fuga a pie. Al hacerlo, no se fijó al cruzar una avenida y fue igualmente atropellado por una camioneta transportadora de máquinas de casino, la cual maniobró violentamente para esquivar al chofer que imprudentemente se le atravesaba. Sobra decir que no logró esquivarlo, pero en la maniobra, 2 máquinas de casino salieron volando y se despedazaron al estrellarse en el pavimento. El choque resultó en una cantidad de monedas importante siendo esparcidas por la calle. Dos de las cuales llegaron rodando hasta mis pies. Las levanté y las metí en el bolsillo de mi saco y habiéndome despabilado de lo que acaba de suceder me encaminé al museo, dos cuadras más abajo. Al llegar, exactamente a las 11:30 como mencioné antes, el detector de metales me metió en problemas. Fuí inspeccionado por los guardias de seguridad quienes me hicieron las preguntas de rigor y me pidieron que me quitara el cinturón, las llaves y todo lo metálico. El detector seguía sonando y yo continuaba quitándome prendas para acreditar mi pase al museo. Al final resultó que una de las dos monedas que recogí del suelo se había desliado por un agujero minúsculo en la bolsa de mi saco y había ido a parar a los dobladillos bajos de mis pantalones. Malhumorado por otro retraso por fin accesé al museo y me dirigí a la sección de historia natural a cumplir con mi misión.
Al llegar a aquel galerón comencé a inspeccionar los fósiles para dar con el que tenía aquella marca, descrita por mi mentor y que le tenía tan intrigado. Exactamente a las 12:00 (lo sé porque sonó mi reloj electrónico al cambiar la hora) un destello metálico me deslumbró de reojo y volteé para ver de qué se trataba. De unos de los fósiles surgía un destello entre azulado y plateado, el cual me cegó momentáneamente y me produjo una leve jaqueca. El destello provenía directamente de una marca extraña, la misma que me describió mi maestro. Le tomé fotografías a aquel objeto pero por alguna razón las fotos salían desenfocadas. Así que me dispuse a dibujar la marca. Al terminar leí en la descripción del fósil que éste fue encontrado en Europa, en una región nórdica y sepultado cientos de metros. Lo encontraron mientras hacían una excavación para una mina.
En ese momento, no puedo decir que algo me hubiera impresionado, pero sí me pareció raro que un dibujo persa estuviera relacionado con un fósil de dinosaurio. La distancia y la era no coincidían. Sin embargo dejé las elucubraciones para mi mentor y me dispuse a abandonar el museo y retornar a casa.
No quise hospedarme y retorné al aeropuerto para ver si podía regresar el mismo día. No encontré vuelos disponibles así que decidí quedarme a pernoctar en la sala de espera mientras conseguía un vuelo al día siguiente. Para entonces, el dolor de cabeza aumentó y se hizo insoportable al punto de convertirse en una migraña muy agresiva. Como pude fui a la farmacia para comprar analgésicos pero tuve un ataque. Me desvanecí.
Desperté en un hospital, mi mentor estaba ahí. Mirándome con preocupación me preguntó si estaba bien. Le respondí afirmativamente y ahora yo le pregunté qué había pasado. Me dijo que recibió la noticia de mi ataque pero que además la gente curiosa, todos con acceso a Smartphone, me grababan en el momento del ataque. Todas las grabaciones estaban en internet. Maldije la insensibilidad de la gente ante las dolencias de los demás. En ese momento, mi maestro me dijo que en las grabaciones había algo que no era normal. Y que cuando yo estuviera listo debería verlas. Eso me intrigó bastante. Al salir del hospital, aquella misma noche, Me di cuenta de que me habían robado mi cámara y la libreta donde dibujé aquel símbolo extraño. Sin embargo, ni mi celular, ni mi efectivo, los cuales estaban en el mismo lugar, fueron sustraídos.
Llegando a casa y aún con el mal sabor de boca de todo lo que me sucedió en un día, estrés fue el diagnóstico de los médicos ante mi ataque, me dispuse a ver aquel video de mi desafortunado incidente.
No encontré nada relacionado conmigo, al menos nada de lo que el profesor me dijo. Se me hizo raro pero pensé que no estaba buscando adecuadamente o que los administradores de los sitios de internet habían censurado aquel video. Al día siguiente, me encontré con el profesor y le comenté que no vi nada en la red que pudiera tener algo sobre mi ataque. Su cara se endureció de pronto y me dijo que olvidara todo el asunto. La curiosidad se apoderó de mí. Había algo que me estaba ocultando y tenía el derecho de saberlo. Lo encaré y le exigí que me dijera qué estaba pasando. Tuvimos una seria, muy seria discusión que casi termina en pleito, hasta que él, cambiando totalmente su actitud, me dijo que lo único que pretendía era protegerme. Arremetí argumentando que la responsabilidad de mi protección era sólo mía y de esta forma el profesor cedió.
Él tenía una copia del video hecha antes de que lo borraran de internet. En el video me pude ver primero convulsionando y luego, sorprendentemente los ataques cesaron. Me incorporé y con los ojos totalmente en blanco, comencé a hablar en un idioma totalmente desconocido. La gente se espantó pensando que estaba completamente loco. Yo hacía ademanes amenazantes y en un momento comencé a escribir en mi cuaderno una serie de caracteres completamente desconocidos al tiempo que gritaba cosas y hacía más y más ademanes. En un momento, me volví a desvanecer y ahí quedé tendido, el video finalizaba entonces.
Estaba totalmente impactado luego de ver esto. ¿Qué rayos me había pasado? Nunca en mi vida tuve algún tipo de epilepsia, ni en mi familia había casos de algún tipo de enfermedad mental. Mi cara lo decía todo y le pedía alguna respuesta al profesor a sabiendas que él no tenía ninguna. Estaba desencajado y quería una explicación racional, lo suficiente al menos para calmarme. Exploramos juntos varias teorías, me pidió que describiera todo mi día y fue lo que hice, tratando de no omitir detalles importantes. El profesor me preguntó por la imagen que me había enviado a copiar o fotografiar. Él se puso todavía más serio que antes al decirle que me habían robado todas mis notas en incluso mi cámara fotográfica. Entonces corriendo hacia uno de los inmensos libreros que tenía en su oficina comenzó a buscar un libro que parecía muy antiguo. El encuadernado estaba en buenas condiciones pero se veía muy usado, era uno de esos libros que van pasando de generación en generación. Estaba escrito en inglés británico pero de la época de Shakespeare. Tenía unas cuantas ilustraciones pero la que me mostró mi mentor era la misma figura que estaba en aquel fósil de dinosaurio. Algo sucedió en mi cabeza al ver de nuevo aquella imagen. Un dolor insoportable se presentó de pronto, las sienes las sentía explotar y me llevé las manos a la cabeza. Una serie de imágenes se fueron sucediendo en mi mente a una velocidad espeluznante, no reconocía ninguna, si acaso, podía reconocer estrellas y constelaciones así como algunos cuerpos celestes. Me desvanecí nuevamente.
Al despertar, el profesor estaba junto a mí de nuevo, su cara denotaba preocupación y a la vez fascinación. Le pregunté qué rayos había pasado y me contó que de nuevo tuve otro ataque, dos horas antes. Esta vez, el profesor fue el único testigo del cambio radical en mi comportamiento. Me contó que de nuevo comencé a hablar en algún tipo de dialecto que él no pudo identificar, pero que pudo grabar con su Smartphone en una pequeña parte, prácticamente el final de mi delirio. También dejé unas notas escritas en unos símbolos totalmente extraños y desconocidos. Me preguntó si recordaba algo y yo le dije que sólo algunas cosas como lo de los cuerpos celestes. Se le miraba fascinado, su mente estaba divagando a todo lo que daba y murmuraba posibilidades sobre lo que podría estar sucediendo.
Me contó que ese símbolo era de una mitología persa muy antigua, una mitología que se perdió en las generaciones porque fue prohibida en algún momento. Ese símbolo, sin embargo había perdurado hasta nuestros días en algunos manuscritos y grabados y por eso podía saber de dónde provenía. Comenzamos a investigar sobre la simbología de esos extraños caracteres que provenían de mi propio puño. No encontramos nada, excepto un manuscrito antiquísimo que pudimos ubicar en la antigua China. Con mucha cautela iniciamos una investigación consultando a expertos de todo el mundo. Ninguno sospechó que íbamos detrás de ese misterioso símbolo. La información fue obtenida mediante largas charlas en las cuales salía de “manera casual” el tema que a nosotros nos interesaba. En una de tantas consultas dimos con la sociedad Hung, no podía haber sido de otra forma que por casualidad. En un manuscrito chino apareció una breve mención de esa sociedad secreta. Todo lo que investigamos en internet fue contrastado con este pergamino. Por ello sabemos que la información que internet maneja actualmente es incorrecta.
Mientas hacíamos aquella investigación tuve ataques otra vez, pero sucedían cuando tenía contacto visual directo y prolongado con aquel símbolo. Aparentemente el mensaje era el mismo siempre. Por mis ademanes, más parecía una advertencia que una amenaza, pero al no conocer aquel extraño lenguaje no podíamos sino conjeturar acerca del contenido. Varios meses de intensa, muy intensa investigación y apenas teníamos alguna referencia. Lo más recurrente, sólo un par de veces, era aquella referencia hacia la sociedad Hung.
Gracias al financiamiento con el que contaba el profesor para realizar vastas investigaciones pude viajar a China. No obtuve ningún tipo de resultado. Fui muy insistente con las fuentes que podrían saber algo de los Hung, incluso el intérprete amenazó con renunciar ante mis constantes acosos. Me calmé y pude averiguar que un puñado de gente sabía que en un momento de la historia china existieron los Hung. Eso me alentó y continué la investigación. De 10 fuentes probables, sólo una no resultó en un callejón sin salida. Una antiquísima leyenda en un alejado monasterio fue la clave. Al llegar a esa zona remota de las montañas chinas después de haber viajado en autobús, en tren en burro y por último 5 días a pie, tuve un atisbo de esperanza. Ahí, tenía que haber una respuesta.
El monasterio no era más grande que una casa estándar de 2 pisos, sin embargo estaba enclavado entre dos montañas y la subida era sumamente dura y peligrosa. Sólo había un pasillo de aproximadamente 25 cm de ancho, labrado en la misma piedra desnuda y que iba serpenteando hacia arriba de la montaña. Realmente era un lugar inaccesible y mi guía y traductor renunció y me abandonó a mi suerte al tratar de convencerlo de subir. La subida me llevó más de 3 horas y fue sumamente penosa. Pero al final todo esfuerzo rinde su fruto y ahí en aquella construcción olvidada por la mayoría de la gente de este mundo, en la penumbra de la estancia principal estaba el mismo extraño símbolo, en una especie de altar. De nuevo la migraña, de nuevo el ataque y la inconciencia. El único monje que estaba al mismo tiempo de guardián del monasterio fue al que vi al despertar. Comenzó entonces un ritual muy extraño. Comenzó a hacer una especie de cánticos y a quemar ciertas hierbas e inciensos, yo me encontraba acostado y por alguna razón me sentía muy débil. No alcanzaba a comprender muy bien lo que estaba pasando. Durante un tiempo, el monje continuó realizando ese ritual. Y súbitamente sucedió algo inexplicable, una luz pareció emanar de mí cabeza, iluminando toda la habitación, inmediatamente, el símbolo del monasterio comenzó a destellar en una serie de pulsaciones cada vez con más frecuencia. Algo totalmente inverosímil para nuestra ciencia sucedió: las dos luces, la de mi cabeza y la del símbolo del monasterio se unieron y una especie de holograma inundó la habitación que había estado en penumbras. No sé cómo decirlo, pero estaban representadas constelaciones enteras en una especie de mapa interestelar. Una línea de fuego, con forma de dragón chino iba serpenteando por varios puntos, como uniéndolos y dejando detrás de sí una estela de destrucción aparentemente planetaria. No comprendía nada. Ni siquiera podía creer lo que estaba pasando. El monje aquel comenzó a maniobrar y manipular aquel mapa como si ya lo hubiera visto antes. Ubicó nuestro planeta. Resultó estar en el camino de aquel dragón estelar. No sé a qué distancia, nunca lo sabré, pero lo que sí es seguro es que esta tierra, nuestra tierra será visitada por ese dragón. Aquello me aterrorizó, una descarga de adrenalina hizo que pudiera levantarme del suelo, y aquel holograma desapareció completamente. El monje dijo algo que no entendí y se abalanzó hacia mí con el propósito de atacarme. Caímos al suelo y forcejeamos. Como pude logré patearlo y separarme de él y traté de huir del lugar. Apenas puse un pie en la cornisa que era el camino de ascenso y descenso cuando un rayo de luz iluminó de pronto el monasterio. El origen del rayo parecía venir del cielo, era dorado y no completamente perceptible hasta que tocó al monasterio. La construcción milenaria comenzó a sacudirse y las montañas a temblar. Tuve que asirme con todas mis fuerzas a unas pequeñas grietas en las rocas para no caer. De pronto el monasterio se vino abajo junto con su único morador.
No sé cuánto tiempo me tomó el descenso, pero en la base de las montañas estaban los escombros del lugar en el que había estado antes y que era la clave para lo que me había pasado. Busqué en los restos esperando hallar algo que me sirviera o alguna pista. No encontré nada ahí, pero de nuevo, por casualidad, encontré una grieta entre las montañas, una especie de cueva que nunca habría percibido ya que la sombra del monasterio la ocultaba completamente. Decido me adentré a ese lugar. Creo que esa decisión ha definido el rumbo actual de mi vida. Saqué la linterna de bolsillo que llevaba y con cuidado fui directo a los interiores de aquellas montañas. La linterna no alumbraba gran cosa y todo parecía normal hasta que encontré un pequeño riachuelo. Lo seguí, en eso la luz de la linterna comenzó a fallar y se apagó. Una luz azulina iluminó de pronto todo el lugar, al parecer las bacterias y algún tipo de musgo y hongos eran los responsables de aquella luz. Se podía ver claramente la cueva, era mucho más grande de lo que había pensado y ahí estaba tallado en muchas de las paredes el símbolo extraño. Inmediatamente cerré los ojos para no tener otro ataque. Pasado cierto tiempo decidí que tenía que abrirlos si quería continuar mi búsqueda de la verdad. Lo hice y no sucedió nada, de hecho, ya nunca tuve otro ataque. Como si mi mente se hubiera descargado de esa información que el monje presenció.
Los símbolos parecían indicar un camino y lo seguí. Adentrándome cada vez más en la montaña y en el interior de la tierra ya que el camino era descendente. Un dragón chino de pronto apareció tallado, era muy similar al que vi en aquel mapa interestelar. Seguí andando y encontré una pequeña laguna subterránea, a manera de cenote como los que hay en Centroamérica y en el sur de América del norte. El agua era cristalina y me acerqué a beber de ella. La luz azul me permitía tener una excelente visibilidad. Entonces pude ver algo que hasta la fecha no puedo olvidar en su más mínimo detalle: Dentro del cenote estaba un esqueleto enorme, como el de una serpiente marina pero claramente no era un reptil, al parecer tenía alas. Y en mi mente se construyó la imagen… un dragón chino.
Pude sentir de nuevo cómo una luz emanaba de mi cabeza, el cenote respondió con un destello, las aguas se agitaron y la tierra comenzó a temblar. Antes de que pudiera reponerme de la impresión el nivel del agua comenzó a subir con una velocidad impresionante. No pude correr, no tuve tiempo ya que la corriente me arrastró hacia el cenote. El agua helada me calaba los huesos y engarrotaba mis músculos. Pensé que era mi final ya que me hundía cada vez más en las profundidades del cenote. Un destello cegador lo iluminó todo a mi alrededor y entonces fui expulsado del agua con una gran fuerza.
Aterricé sobre nieve. No podía creerlo. Había sobrevivido pero ahora estaba en un lugar totalmente diferente. Era una gruta en el hielo, sentí que me congelaba, tenía que buscar abrigo rápido o de lo contrario moriría por hipotermia. Había una luz natural inexplicable en aquella gruta, muy tenue pero que permitía verlo todo. Caminé sin saber hacia dónde ir a través de túneles de hielo y cámaras que daban a más túneles. En uno de las cámaras y a punto de caer desmayado por el frío encontré restos mortales de soldados. Revisé las ropas y tenían la esvástica, eran nazis. Le quité toda la ropa a aquellos restos humanos y me la puse encima para abrigarme. Cerca de ellos encontré algunos suministros y combustible con el cual encendí una fogata utilizando la poca carne de los cadáveres como leña. La grasa que les quedaba a los restos momificados por el hielo y el tiempo hacían chisporrotear las llamas. Incluso estaban armados. La expresión de sus rostros era de completo terror, pareciera que murieron de miedo por algo que hubieran visto. Mientras entraba en calor, tomé las armas de los soldados, la clásica pistola Parabellum, o Luger, como se le conocía mundialmente. Aún funcionaban, nunca fui un experto en armas pero aprendí su uso rápidamente. Eché un par de tiros para comprobar su funcionamiento. Las detonaciones retumbaron por todo el lugar con ecos interminables. Un sonido lejano fue devuelto. Un sonido indescriptible que me hizo recordar lo estúpido que había sido haber hecho tanto ruido. Una especie de rugido inundó los túneles acompañado de una furiosa ráfaga de viento. El fuego de mi fogata improvisada se apagó. Eché a correr por aquel laberinto de túneles helados con pleno desconocimiento de hacia dónde me dirigía. En mi loca carrera aparecí en la misma cámara en la que había estado. Estaba dando vueltas en círculos. El rugido parecía estar cada vez más cerca. Terror, esa es la palabra que describe ese sentimiento que tenía en ese momento. Una idea cruzó por mi mente, aquellos soldados debían tener una brújula en sus suministros. Así era, pero al revisarla, me di cuenta de que la aguja giraba con una velocidad tremenda. Pensé que era mi fin. Pero pelearía por mi vida. Amartillé la Luger y esperé a que aquella cosa que generara el rugido apareciera para por lo menos meterle un par de balazos y luego morir. El rugido era cada vez más fuerte y con él aquel viento huracanado.
Los segundos se hacían eternos y lo que fuera que hiciera aquel ruido se acercaba inexorablemente hacia mi dirección. Entonces recordé que los soldados tenían un par de granadas cerca de ellos, nunca pensé que funcionaran, ni siquiera sabía cómo usarlas. Pero vi que tenían una argolla. Eran unas granadas cilíndricas con mango. Tiré de la argolla y un humo oscuro comenzó a salir de ella, sí estaba operativa aún, lancé la granada hacia el túnel de donde salía el viento huracanado con el fin de que el túnel colapsara. Me cubrí como pude y la explosión logró su cometido justo cuando el rugido era más fuerte, el túnel se derrumbó y aquella cosa no pudo atravesarlo, aún se escuchaba el rugido retumbando por toda la cámara, pero el viento no se sentía. Me había salvado por esa vez. Con más calma comencé a recorrer aquel laberinto. Luego de varias horas y muerto de cansancio pude ver la luz del día atravesando una pared de hielo Utilizando las armas como martillos fui desgastando el hielo y pude salir a la superficie. No sabía qué hora era. Y el sol me parecía estar en un lugar diferente. Sólo se veía hielo por todos lados. Caminé muchos kilómetros sin esperanza, una ventisca comenzó a soplar y pensé que ahora sí había llegado mi fin. Pude ver el mar a lo lejos y milagrosamente una embarcación iba pasando. Estaba en el Polo Norte. La embarcación resultó ser canadiense y me llevaron a la embajada de mi país. Pude volver a casa.
Mi mentor había desaparecido en mi ausencia. Nadie supo darme razón de él. Parecía que se lo había tragado la tierra. No tenía a quién acudir, en eso, un mensaje del profesor llegó a mi celular. Era un mensaje un poco extraño así que tomé mis reservas y contesté el mensaje, pedí una confirmación de su identidad, un detalle que sólo él y yo conociéramos. No me llegó nada de vuelta. Lo tienen secuestrado, pensé. Sabía que mi turno de desaparecer estaba cerca así que no regresé a mi casa, me quedé en la estación de policía detenido por insultar a un oficial. Claro, eso lo hice intencionalmente para estar en un lugar seguro esa noche.
Al día siguiente, un mensaje de un número desconocido llegó a mi celular. Un mensaje del profesor. Esta vez sí era él. Estaba seguro por la forma de dirigirse a mí. Me decía que estaba en Japón, y que me esperaba lo antes posible. Tomando muchas precauciones tomé un vuelo a Japón llevando sólo equipaje de mano y lo indispensable. Ahí, en el aeropuerto me esperaba el profesor. No estaba solo, iba acompañado de un chofer el cual iba elegantemente vestido pero que tenía la típica gorra que delataba su oficio. El profesor me saludó efusivamente y me pidió que le contara todo lo que me había sucedido. Yo miré al chofer con recelo pero el profesor se dio cuenta de ello y me aseguró que no había problemas.
El vehículo en que nos trasladamos del aeropuerto a una zona residencial de Tokio era muy lujoso. En el trayecto actualicé al profesor sobre mis vivencias pero omití contar lo del mapa interestelar. Mis instintos me gritaban que callase sobre ese detalle. El profesor estaba fascinado con mi historia y me hacía constantes preguntas que yo respondía de forma evasiva, hasta donde podía. Llegamos a una residencia fuertemente custodiada. Una fortaleza hecha mansión a la usanza japonesa. Gente muy poderosa vivía dentro, de eso no había duda.
El profesor me contó justo antes de entrar a aquella casa que el dueño podría darnos una luz mayor sobre el símbolo que estábamos estudiando. Casi inmediatamente nos recibió el señor de aquel lugar. Un japonés aparentemente de unos 50 años y que dominaba muy bien nuestro idioma. Su hospitalidad era excelsa. Y una vez que estuvimos dentro de su casa y habiendo tomado los alimentos nos preguntó abiertamente sobre la forma como obtuvimos conocimiento sobre el símbolo. No tuve más remedio que contarle y su mirada cambió de repente. Nos mostró un pergamino con aquel símbolo. Según esto el pergamino había pasado de generación en generación y guardaba el secreto más oscuro que la raza humana pudiera conocer.
Hablaba de deidades muy antiguas que una vez estuvieron en la Tierra, dejaron huellas de su paso por el mundo, fragmentos de información que ser revelarían a su debido tiempo y que sería entonces el momento indicado de que volverían. La sociedad Hung era responsable de transmitir ese conocimiento para tenernos listos y servir como esclavos. Y a cambio se les dotó de poder para manipular a las masas en su beneficio. Guerras secretas y globales sucedieron por el poder de esa Sociedad. Controlando todos los aspectos conocidos y desconocidos para el hombre. Guerreros, samuráis, ninjas, soldados, vikingos, romanos, etc., todos fueron marionetas de ese oculto poder.
Tanto poder no podía estar en manos de una sociedad formada por unos cuantos, alegué. Los conocimientos contenidos en ese pergamino podrían salvarnos a todos de un trágico final. El japonés asintió con la cabeza y se puso de pie. Todo lo que nos dijo había sido un secreto milenario. Un secreto que yo tenía la intención de revelar al mundo. El futuro de todos dependía de unos cuantos y sabiendo esto ni el profesor ni yo podríamos seguir con vida, de eso yo estaba seguro; y lo confirmé cuando el japonés lentamente, como meditando, se acercaba a un estante donde habían varias katanas cuyas fundas tenían marcado el símbolo, el cual ya no era tan extraño para mí. Me adelanté a todo pronóstico y tomando una navaja oculta en el bolsillo de mi chaqueta me abalancé sobre nuestro anfitrión. Le corté el cuello sin más. El profesor enmudeció y sus ojos se desorbitaron. Como no hice ningún ruido cuando asesiné al japonés nadie nos interrumpió. Le expliqué con calma a mi mentor el motivo de mi accionar. Él me miraba aterrorizado y me decía apretando los dientes que había cambiado mucho. Nunca sabrá cuánto he cambiado, pensé.
Tenía que escapar de aquella fortaleza y tenía la seguridad de que mi maestro ya me resultaba más una carga que una ayuda. Evalué rápidamente la situación, y mi decisión me tranquilizó mucho. Me acerqué lentamente a él para preguntarle cómo podríamos escapar. Mi maestro estaba seguro de que había algún pasadizo oculto en aquella habitación dado que era la base de los Hung. Tenía que haber una puerta de escape de emergencia. Me fijé en las Katanas con su síbolo marcado y tomé la más llamativa. Tenía la funda negra con un dragón dorado serpenteando hasta formar el símbolo. Desenvainé la katana. Y me di cuenta de que había una hendidura en la pared. Se me ocurrió encajar la hoja del sable ahí pero la fricción de la estrechez de la hendidura no permitía que ni siquiera la mitad de la espada entrara. Algo debía lubricar la hoja para poder incrustarla. Y yo sabía lo que tenía que hacer. El brillo de la katana resplandeció en la habitación mientras me acercaba hacia mi maestro. Él me miraba impávido, era muy inteligente y sabía lo que pasaría. Sus últimas palabras fueron súplicas para que le perdonara la vida. No lo hice. Hundí la espada en su humanidad y su sangre me sirvió para lubricar la hoja, la cual calzó perfectamente, hasta la empuñadura, en aquella grieta.
Un pasadizo se abrió en el suelo, y me deslicé dentro llevándome conmigo la espada. Una vez estuve dentro, la puerta de entrada se cerró tras de mí y me vi en aquel antiguo pero bien construido túnel, el cual estaba iluminado artificialmente. Tras recorrer lo que me parecieron varios kilómetros por fin salí a la superficie y me dirigí a un lugar seguro.
La sangre en mis manos me reveló muchas cosas. La tecnología a la que tuve acceso involuntariamente y que grabó profundo en mi mente información de valor incalculable. Me dio la capacidad de leer cualquier simbología del antes extraño y ahora familiar idioma. La sociedad Hung mantuvo estos conocimientos reservados para ellos, para su provecho propio en vez de hacer algo a favor del bien común. Usando ese saber reorganizaron el mundo a su antojo y nos han hecho vulnerables. El poder oculto de la información fue lo que permitió que la civilización antigua y moderna prosperara. Los líderes del mundo, siempre codiciosos y corrompidos por la sed de Poder, entablaron cruentas guerras buscando aquel objeto que les permitiera perpetuar su reinado o su imperio. Búsquedas interminables de cualquier pista, rumores, todo era siempre considerado como una posibilidad, aunque nunca supieron qué era lo que buscaban. Los griegos, los persas, Atila el Huno, Alejandro Magno, el Imperio Romano, Napoleón e incluso Hitler, entre otros muchos buscaron sin éxito una sola pieza que invocara al poder al que por “accidente” tuve acceso y que se me ha revelado en aquel monasterio. Cuando estuvieron muy cerca de su objetivo, los Hung, moviendo hilos invisibles en la causalidad de las cosas, acabaron con todos sus enemigos.
Oráculos, profetas, sacerdotes y otros tantos nombres se le dieron a aquella sociedad. Siempre esquiva, siempre en las sombras, aprovechándose de nuestra ignorancia, viviendo de nuestros sacrificios. Riéndose a nuestras expensas. Y yo, tocado por el efecto de la manipulación. Yo, un simple historiador aprendiendo de un maestro fui tocado por la convergencia de aquella corriente de efectos provocados por miles de causas manipuladas. Después de modificar el destino de millones, los Hung, los poderosos, los creadores del mundo antiguo, con sus guerreros, sus emperadores, samuráis y sus poderosos ninjas, no pudieron controlar el torrente de efectos en el cual fui arrastrado sin tener ni siquiera noción de ello. Fui el elegido para toparme con el fósil del dinosaurio, yo, entre tantos miles de millones en miles de años. Su forma nos es familiar en las leyendas los tenemos retratados. Los entes, dioses, o como puedan entenderse o llamarse, yo los llamaría monstruos, ellos vienen a nosotros de nuevo, podrían pasar miles de años o millones, no lo sé con certeza. Pero vendrán a reclamar lo que una vez fue suyo. Caminaron en esta Tierra durante millones de años, crearon a las criaturas, los dinosaurios, y los destruyeron por capricho. Alguna razón, incomprensible para las simples mentes humanas, tuvieron para marcharse. Pero volverán.
No cuentan con que ahora el conocimiento es mío, me pertenece. En pos de nuestra supervivencia aprenderé a usarlo. Sí, es lo correcto. Seré el portador de la salvación de nuestra raza. Unificaré a toda la humanidad bajo mi mandato. Seré el más grandioso líder que jamás haya existido y nadie se podrá resistir ante mí. Comienza una nueva era, Mí Era…

--Interrumpimos este noticiero para informar que se están desarrollando golpes de Estado en los países más poderosos del Mundo. Los eventos se están dando de forma sincronizada y contundente. Parece que estamos presenciando el nacimiento de un nuevo orden mundial. Seguiremos informa-shhhh (estática)."

Créditos a Yrvoz
Creepypasta: Nueva Era Creepypasta: Nueva Era Reviewed by A.Sax on 2:01 Rating: 5

1 comentario:

Unknown dijo...

Muuy largo para un final tan pretencioso

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