lunes, 13 de febrero de 2017

Inteligente


Estaba oscuro. Triste. Las nubes de lluvia se habían ido, pero el agua todavía goteaba de los tejados y rascacielos. Caían y caían ... Hipnotizante. En esta peligrosa ciudad es fácil ser tomado por sorpresa...
El hombre encapuchado se acercó a mí en el medio de la noche, mientras caminaba a casa después de una reunión de negocios en la que se nos hizo tarde. Dijo las palabras que desgarran el alma, una pregunta con infinitas respuestas, pero siempre un resultado constante:
"Te concederé un deseo".
Me reí de mí mismo. Loco o no, sabía cómo estas historias siempre terminaban mal, al final el que desea algo acaba muerto. Simple como eso. Leí "Monkey´s Paw" y  había visto 'Wishmaster'. Yo no sería tan descuidadamente estúpido. Me creía inteligente cuando hice mi deseo...
"Me gustaría un dólar".
Si hubiera sido un loco, ni siquiera él podría haber concedido este deseo. Pero no era una persona loca. Vi como el hombre encapuchado levantó las manos, ahuecándolas en el aire, y poco a poco sacó un solo dólar de ellas como si fuera de un agujero negro. Cautelosamente flotó hacia abajo en mis manos ahuecadas. Me quedé paralizado, con incredulidad, y cuando miré hacia arriba, el hombre se había ido.
En casa, no podía hacer nada más que mirar a la cartera, sin saber si había visto realmente lo que pensé que tenía. ¿Cómo podía haber hecho eso? ¿Era realmente un genio de algún tipo? ¿Esta cartera es real, o estoy soñando? Estaba seguro de que no lo era, pero éstas no eran las preguntas que más me molestaban. La idea que devanaba mis sesos fue: ¿Acabo de perder un deseo sobrenatural legítimo por un solo dólar?
Me había dado cuenta, si el hombre era el tipo de genio que había sido educado por las historias de terror, habría creado una especie de infierno para mí en este deseo. Supuse que el dólar crearía sufrimiento mínimo en el mejor de los casos, pero que no esperaba sinceramente que el deseo se hiciera realidad de todos modos. Pensé que sólo estaba siguiendo la corriente a un hombre loco. Pero no ha pasado nada. El ser sobrenatural me concedió mi deseo y se desvaneció.
Podría haber tenido nada. O cualquier cosa. Podría haber deseado miles de millones en lugar de un solo dólar. Podría haber deseado el poder. Podría ser sobrehumano. Podría haber deseado un puto mundo de paz. Pero tenía un dólar. Uno. Un solo dólar.
No pude dormir esa noche. No pude dormir durante la próxima semana. ¿Cómo podría? Cada oportunidad perdida, momento embarazoso en mi pasado, todo lo que quería hacer es un cambio.
Cada pequeña molestia sin fin hacía un gran eco en mi cabeza. La mujer en el cubículo junto a mí que mascaba su goma de mascar, podría haber deseado que cerrara la boca. El tipo que trajo sus problemas de trabajo a mí porque no podía hacerlo, yo hubiera deseado que fuera despedido. Mi jefe, que no hizo absolutamente nada más que mierda en mí día a día, podría haber deseado su muerte y estar yo en su lugar.
Sábado, entré en el trabajo. La única persona que trabaja los sábados es mi jefe, aunque él no trabaja realmente. Él solo se dedicaba a follar a su secretaria en las oficinas vacías, mientras su esposa estaba en casa con sus dos hijos. Ella podría habérmelo agradecido a mí.
La grapadora en mi escritorio haría el truco. Pillé a la secretaria saliendo de la oficina del jefe. Con el extremo posterior de la grapadora la acuchillé en la sien. Ella estaba inconsciente. Mi jefe, todavía abrochándose los pantalones, trató el viejo truco de gritarme y decirme que me despediría si hacía algo. Pero pude ver el miedo en sus ojos. Ni siquiera podía abrochar derecho su cremallera.
Lo empuje sobre la mesa, agarré la pluma de su escritorio y lo apuñalé en ambos ojos. Esta vez, no tan rápido como un golpe en la cabeza. Mientras se retorcía en el escritorio, tomé el asiento que le corresponde en su escritorio. Esto es lo que mi deseo debería haber sido, pensé. Esto fue lo más feliz que había estado toda la semana. Podría haber sido el más feliz sobre la tierra...
Alguien debe haber oído los gritos de uno de los pisos inferiores. Estábamos en la parte superior de dieciséis plantas. Quien quiera que fuera, sabía que nos había escuchado porque podía oír el débil sonido de las sirenas fuera del edificio en la calle de abajo. Probablemente no me dejarían mantener este trabajo después de lo que había hecho.
Subí a la azotea del edificio, arrastrando el cuerpo todavía con espasmos de mi antiguo jefe. Cuando llegué a la cima, descubrí que tenía razón, coches de policía cubrían la calle. Esos son a los que apunté para cuando tiré el cuerpo de cabeza por la azotea del edificio.
Oí el equipo SWAT reventando la puerta abierta que conducía a la azotea. Saqué el billete de un dólar de mi bolsillo. Mi único deseo. Mi único inteligente puto deseo. Lo arranqué por la mitad y salté antes de que el equipo SWAT me pudiera agarrar. Pasar la vida en una celda sólo crearía más problemas  que no podía hacer desaparecer.
Mientras caía hacia el pavimento, miré hacia abajo. En medio de la policía, nadie pareció darse cuenta de un hombre encapuchado con brillantes ojos rojos de pie directamente debajo de mí, los brazos como si estuviera a punto de cogerme.
Mi último pensamiento antes de que me estrellara con el suelo, mi único pensamiento claro en toda la semana pasada, fue que el diablo era mucho más inteligente que yo.


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