"Un misterio existe sólo para resolverse. Si nadie lo resuelve, la verdad muere con los que conocen la realidad"

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lunes, 5 de octubre de 2015

Cuando los latidos continúan


En aproximadamente cinco millones de años, el Sol va a explotar y consumir la Tierra. El polvo nos va a dejar solos trozos de escombros. En definitiva, no quedará nada.

Esto no es aterrador. Posiblemente moriremos antes.

Es la parte  de la muerte la que me interesaba. Obviamente vamos a tener mucho tiempo antes de que el sol explote y nos haga polvo.


Así que esto me puso a pensar. Hasta el momento, hay dos teorías principales en cuanto a lo que sucede cuando uno muere. Es posible que no haya nada más allá, como eras antes de que nacieras. Eso no es tan malo.

La otra es la teoría sobrenatural, que vaya a algún tipo de paraíso o tormento inimaginable, o en una sala de espera cósmica en la que expiar sus pecados antes de iniciar su temporada eterna hacia arriba o abajo. Más preocupante, pero no enormemente plausible.

Nadie realmente pensó en la tercera opción.

Así viví mis años. Nadie fue menos excepcional de lo que era, normal y digno de nota en todo lo posible. Nací, educado, trabajado, casado, hijos engendrados...
Y, por supuesto, morí en un martes por la mañana. Estaba lloviendo desde las seis. Morí a las ocho.

Seguía lloviendo a las nueve.

Tuve un ataque de tos - nada nuevo, era bastante normal. Se estableció, y el líquido que había llegado hasta mi garganta se calmó. Luego, el médico - joven, más joven de lo que solían ser, y tan cansado como yo jamás había visto a nadie - puso el estetoscopio en el pecho con cansancio y anunció 'se ha ido'.

Bueno, no fue una sorpresa. Al principio pensé que estaba equivocado, era joven, tal vez sin experiencia, pero entonces una enfermera metió dos dedos callosos en mi cuello y asintió con la cabeza enérgicamente. 'Vamos a hacer el papeleo, trae una bolsa '

A estas alturas yo estaba ansioso, creía cortésmente posible que hubiera habido un error y yo todavía estaba muy vivo y consciente. Sin embargo, en realidad fue una gran sorpresa cuando me dí cuenta de que no podía hablar.

Supe de inmediato que no iba a ser capaz de mover las extremidades. Aún así lo intenté. Inmovilizado totalmente.

El pánico comenzó entonces. Me quedé paralizado, algún trastorno se había apoderado, ellos me confunden por muerto y me quieren enterrar.

Mi mente corrió. Esto sucedió, había leído sobre ello en los periódicos y visto en las películas. Me despertaba en un cajón morgue, o en la mesa del embalsamador o peor aún, en una tumba.

Pero no, eso no podía ser. Yo estaba consciente. Nada había cambiado. Estaba paralizado.

Me acuesto. Miré el reloj en la pared de enfrente y escuché su tic rítmico. La lluvia repiqueteaba contra la ventana.

Después de lo que pareció una hora, pero puede que en realidad hayan sido sólo unos minutos, me di cuenta de que no había estado respirando por un tiempo. Yo no sé exactamente cuánto tiempo. Piense en el despertar en una posición diferente a aquel en la que se fue a dormir y tendrás la idea - un cambio que puede sentirse pero no recuerda haber sucedido.

Me di cuenta con una calma extraña que yo no estaba respirando, y no siento la necesidad de ello, porque estaba muerto. Esto es lo que sucede cuando uno muere. Su mente sigue. No estaba seguro de por cuánto tiempo, pero es evidente que durante bastante tiempo.

Pasó el tiempo. Me conmovió, embalsamado y colocado en un ataúd. Y no podía hacer nada...

Todavía no estaba asustado de gran parte por esto. Incluso yo estaba tranquilo cuando la voz lejana de mi mujer en la oficina de la funeraria sonaba en medio de sollozos secos, por un ataúd abierto.

Atormentado por el dolor que se avecinaba obscenamente sobre mí cuando vi la bombilla parpadeante en las tiras de iluminación halógena en el techo del salón, yo era aún capaz de sonreír para mis adentros mientras veía a mi hermano-en-ley, con quien había peleado durante la mayor parte de los cuarenta años, llorando junto a mi hermana.

Yo estaba muy asustado solamente de dos cosas. El primero era ser enterrado - la oscuridad eterna-.

El segundo estar muerto siempre.

Yo desde luego no estaba viviendo para siempre - había estado muerto desde las ocho en esa mañana del martes. Yo no había respirado, ni parpadeé, ni me moví. Pero sentí exactamente lo mismo.

Así que me enterraron, y era igual de aterrador y horrible como me temía, y mucho más. Pero, como siempre, no había nada que pudiera hacer. Vi como los resquicios finales de luz alrededor de mi visión fueron extinguidas, sin siquiera la esperanza desesperada de que alguien - cualquiera - se daría cuenta de su error y liberarme.

No te sabría decir cuánto tiempo he estado aquí. En un primer momento, una vez que me había acostumbrado a estar en la oscuridad con sólo mis propios pensamientos, tuve la loca idea de que yo sería capaz de comunicarme con los demás enterrados cerca de mí. Supongo que dragado a la idea de una historia de Dostoievski que había leído en la universidad - Bobok, se llamaba.

Supuse que era lo que le pasó a todo el mundo después de la muerte. No había ninguna razón por la que debería ser inusual, o han sido elegidos para este fin.

De todos modos, no pude hablar con mi compañero enterrado. Era sólo yo.

...

Estoy bastante seguro de que han pasado años, o incluso décadas. No puedo estar seguro. Imagínese cerrar los ojos, acostado en la oscuridad perfecta, sin ninguna posibilidad razonable de que nada se inmiscuya en ti. Pruébalo si quieres. A los pocos minutos usted estará inquieto. A las pocas horas ya te vas a caer dormido, si no se ha movido. No he dormido. No tanto como un segundo. Mi monólogo interior es de nunca acabar. Pero tengo esperanza. Un cuerpo, aunque sea descompuesto. Entonces los huesos. Entonces el polvo grueso.

En aproximadamente cinco millones de años, el Sol va a explotar y consumir la Tierra. En definitiva, no quedará nada.

He estado muriendo para siempre. Ahora disfruta de esa sensación de vivir. Puede ser que sea pequeña, pero te darás cuenta de lo exquisita que es.

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